Un cohete casero para enseñar la tercera ley de Newton

Autora: María Cruz Ramos Peinado

Los mayores desafíos a los que nos enfrentamos a los docentes son a consecuencia de la exigencia de un aprendizaje significativo y competencial de nuestros alumnos. Significativo implica que el aprendizaje debe ser aprehendido, es decir, capaz de ser recordado o evocado, y de poder ser transmitido por nuestros alumnos, puesto que habrán captado las ideas principales, y podrán ejemplificarlas. Competencial implica que el aprendizaje permitirá resolver una tarea, una situación, de manera satisfactoria, como por ejemplo, ser capaz de actuar como un docente.

Una de las herramientas TAC (Tecnologías Aplicadas al Conocimiento) que puede ayudarnos en nuestra docencia para un aprendizaje significativo y competencial es el uso de simuladores. En particular, en las clases de Física y Química es un potente recurso. En mi centro, nuestro departamento las está aplicando en 2º de ESO, en el concepto de densidad y para el estudio de la teoría cinética de la materia, los estados de la materia y las propiedades de los gases. El acceso a los recursos que estamos utilizando es el siguiente:

Para FÍSICA
Para QUÍMICA

Otra de las herramientas es el uso del “aula invertida” o “flipped classroom”. Tradicionalmente era “mirad esto para mañana, que lo preguntaré, o lo explicaremos”. Esto es poco eficaz hoy en día. Si le añadimos los recursos TAC, como simuladores, junto con la petición de una tarea competencial (aprende tú primero y transmite, “aula invertida”), observaremos que la clase es distinta. Además, el aprendizaje entre iguales capta la atención y el interés de nuestro alumnado.

Aquí tenéis el enlace a una clase real, sin cortes ni censuras, en la que solicité a un alumno que la tarde anterior “jugara con el simulador” y explicara a sus compañeros lo que había aprendido en la clase siguiente.



CLASE SIMULADOR DE LA MATERIA

Lo más impactante para mí, como docente, fue el silencio en un aula de 24 estudiantes, la atención y la participación.

Esta experiencia me llevó durante el mes de marzo a “fabricar” un simulador “casero” de un cohete, para mostrarlos en las clases de 2º y 3º de ESO. Esto puede ser un recurso para ejemplificar hechos o situaciones a gran escala, que no pueden ser reproducidas en clase.

Consiste en una sencilla práctica “casera”, con únicamente botellas de plástico vacías, alcohol y un mechero: fabulosos lanzamientos de cohetes en clase, en los que se puede apreciar como en el interior de la botella se produce una reacción química, la combustión de los vapores de alcohol (es decir, un auténtico motor a reacción), y la tercera Ley de Newton o Principio de acción y reacción in situ: los gases de la combustión salen expelidos en un sentido (acción) y el cohete sale expelido en sentido contrario (reacción).

Por lo tanto, hemos hecho un simulador de lanzamiento de cohetes casero, a pequeña escala; pero basados en los mismos principios que los reales, a gran escala.

Para realizar la experiencia en casa, en la botella vacía de plástico se añaden unas gotas de alcohol, se agita la botella, se retira el exceso de alcohol, se acerca la llama y ¡ya está! La botella de plástico debe tener un agujero. Si no es así, puedes hacerla tú mismo con un destornillador o un taladro. Ya puedes jugar a los bolos, usando el cohete como bola de lanzamiento, y botellas de plástico vacías como bolos, para derribarlas. Si el agujero es demasiado grande, no funciona el cohete (podéis verlo en uno de los videos, ya que los gases no salen con la suficiente velocidad, al ser la abertura de salida demasiado grande).

Aquí tenéis un enlace a los videos grabados por alumnos, a cámara lenta, para poder apreciar la rápida combustión en el interior, la rapidez con la que sale el cohete y los gases expulsados.

COHETE 18-19

CONCLUSIONES

Como docentes debemos favorecer la atención, interés, motivación y participación del alumnado. NO OBSTANTE, esto debe ir acompañado de explicaciones, de ideas y principios científicos. EN CASO CONTRARIO, se queda en mero espectáculo.

Y de aprender jugando (siempre que sea posible), podríamos acabar “jugando” a aprender. Estamos en Secundaria, y somos responsables de una formación científica.

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