Quebrantando la lealtad: El cerebro traidor


El desengaño es esa sensación amarga (y, probablemente, para la mayor parte de la gente, muy familiar) que deja enfrentarse a una mentira. Mentira que, por fuerza, ha sido mantenida por alguien que, cuánto más próximo sea, más doloroso hará el momento (aunque, quizás, también más profundas serán las lecciones recibidas de la experiencia). No es raro, por tanto, preguntarse cuál es el origen de que un sentimiento esté tan arraigado en nuestra especie. 


Autor: Susana P. Gaytán Guía, Profesora Titular de Fisiología en la Facultad de Biología de la U. de Sevilla

“Debemos desconfiar unos de otros.
  Es nuestra única defensa contra la traición”
.
(Tennesse Williams)

No es raro preguntarse cuál es el origen de que un sentimiento como el desengaño esté tan arraigado en nuestra especie. Y una vez más, la respuesta habrá de buscarse en el cerebro social primate: en los grupos humanos, sustentados firmemente por la confianza y la lealtad de sus miembros, mientras conviven con la traición y la injusticia que los desestabiliza.

En este sentido, aunque parezca que la justicia está en la esencia humana, resulta que la idea del trato justo está muy extendida en el reino animal. Experimentos llevados a cabo en perros, elefantes o cuervos, han puesto de manifiesto que los animales que tienen estructuras cooperativas, reconocen la injusticia de recibir premios diferentes ante esfuerzos similares. Y, obviamente, esto ocurre también entre primates.



Experimentalmente se ha evidenciado lo desagradable que resulta en el grupo que sus integrantes no sean tratados igual. Y que cuando esto se produce, la respuesta al trato desigual es irritación o, incluso, la lucha. Por ejemplo (en la experiencia clásica de Sarah Brosnan y Frans de Waal, realizada con monos capuchinos) se entrenan a los sujetos en la tarea de dar una piedra a cambio de la cual reciben una rodaja de pepino. Los participantes se comen el premio por su buen trabajo (y además les gusta). Pero, entonces, a uno de los animales a cambio de la piedra se le da una uva (que aún es más apetecible). El sujeto que recibe pepino se indigna. De hecho, ni siquiera quiere tomarse esta “recompensa de segunda”. Tira el pepino, golpea la mesa y agita los barrotes de la jaula. Y si se repite la escena (y se intenta volver a dar un miembro del grupo una uva mientras el resto sigue recibiendo pepino) la respuesta enfadada irá en aumento. Esto demuestra que el individuo que es peor tratado se enfada y reacciona, pero aún hay más: el sujeto que recibe la uva tampoco es feliz. Incluso va llegar a rechazar el premio, lo que demuestra que es capaz de entender la molestia de sus compañeros. Es decir, el capaz de demostrar empatía.

Lo trascendental de este hallazgo es que demuestra que la justicia es un concepto que evolutivamente ha triunfado. Tiene ventaja para el grupo la expectativa de que no habrá diferente trato, a igualdad de esfuerzo. Como consecuencia, esto permite que una sociedad funcione gracias a la “justa confianza” que se construye entre sus miembros… Y romper el pacto, ese acuerdo tácito asumido “entre pares” es, sencillamente, intolerable para cada individuo en particular, y para el grupo en general.

Paralelamente, por tanto, esta búsqueda de la justicia, lleva aparejado el desarrollo de la confianza mutua y la cooperación. Dado que entre primates es habitual establecer vínculos de cooperación con otros, incluso si no son parientes, es evidente la importancia de no “traicionar a nadie”. Por eso, precisamente, con individuos ajenos a la familia, el rechazo a la injusticia se hará más intenso… Claro que nada impide la llegada de una manzana podrida. El problema para la cohesión de la comunidad comenzará, entonces, cuando no se produzca la colaboración esperada o si, incluso, “aprovechándose de la situación” el sujeto recién llegado consiga obtener hasta más beneficios que los demás. Aunque esta percepción “innata” de la justicia asiente un modelo ético social (que fundamente la responsabilidad colectiva, constituyendo la esencia de la moralidad y de compromiso mutuo), sin embargo, en el cerebro también hay redes encargadas de gestionar deshonor y mentira (y, teniendo en cuenta todo lo anterior, que la repuesta en el sujeto engañado y ofendido no sea precisamente pacífica). De hecho, el cerebro puede “entrenarse” para ser la “manzana podrida”. Puede adaptarse a la deshonestidad. Existe un mecanismo biológico que lo convierte en un problema creciente. Estudios con personas voluntarias han probado que, cuando se observa una pequeña traición voluntaria, esta transgresión se convertirá en mayor progresivamente. Y, paralelamente, se puede cuantificar una reducción de actividad, nada menos que en la principal región cerebral gestora de los sucesos emocionales: la amígdala (adaptándose paulatinamente a estos episodios deshonestos). Y así el cerebro se ha trasformado en una máquina corrompida…

Y corruptora. A menos que se tomen medidas preventivas, la falta de honestidad puede transmitirse, de una persona a otra, erosionando normas y ética sociales; estableciendo una suerte de “cultura de la trampa y la mentira” mientras va dejando víctimas de la destrucción de las “reglas del juego”. Y es que la traición es una de las experiencias más dolorosas que se pueden padecer. Y será tanto más dañina, cuanto más evidente sea que se ha llevado a cabo deliberadamente, y por motivos netamente egoístas. Tanto más destructiva, cuanto más claro resulte que proviene de quien un día aseguró algo, se ganó la confianza sincera, y al final, faltó a su palabra.

Ante una traición, el sujeto ultrajado sentirá un dolor emocional. Un dolor desgarrador que, por ejemplo se ha plasmado en cientos de poemas y canciones llenas de sufrimiento. Estas intuiciones literarias, recientemente han encontrado la confirmación neurofisiológica. Porque el engaño y la traición DUELEN como se puede comprobar mediante la resonancia magnética funcional. Las zonas cerebrales que se activan cuando algo hace daño físico, son las mismas que lo hacen ante la tristeza y la desolación. Estas “áreas del desengaño” son, principalmente, el córtex cingulado anterior (área implicada en la generación de la experiencia aversiva al dolor físico) y la corteza prefrontal (que de hecho se muestra más inactiva cuanto menor sea el dolor emocional). También pareciese que, la aversión a la traición, se deriva del deseo de evitar las emociones que surgen al saber que nuestra confianza fue traicionada. En particular, hay datos indican que la ínsula anterior modula las decisiones sobre la confianza que implican la posibilidad de traición.

De esta íntima relación ente traición y pérdida de confianza se deriva el efecto más nocivo de todo esto: la profunda huella de recelos en quien fue defraudado. Por eso no es nada fácil recuperar el equilibrio. Y todo indica que el único camino es el perdón. Pero no desde la aceptación sin consecuencias, sino desde la reconciliación íntima y personal. Pero esto será un trabajo duro. Primero habrá de enfrentarse a la incredulidad ante lo sucedido (que será mayor cuanto más próxima sea la relación ente víctima y traidor). Después, se activará la ira y con ella el deseo de tomar medidas ante el agravio sufrido (es injusto y el cerebro humano, sencillamente, no lo soporta). En cualquier caso, tarde o temprano, ha de llegar la tristeza que da la toma de conciencia de la pérdida. La pena solo finalizará con una especie de negociación individual, a la búsqueda de acciones que, por parte de la víctima, hubiesen podido evitar lo sucedido. Es fundamental darse cuenta que nada hubiera cambiado porque la culpa está reservada para el traidor. Finalmente, mejor pronto que tarde, llegará la aceptación y, con ella, la posibilidad de empezar a superar el engaño.

Todo este largo trayecto es necesario porque, el cerebro, reacciona a la traición con una angustia que puede inducir dolor, activando partes del cerebro como la corteza somatosensorial secundaria o la ínsula dorsal posterior (que responden tanto al daño físico como al sufrimiento por la “exclusión social” o el “rechazo”). Además, también hay una explicación a que, a mayor intimidad con la persona traidora mayor dolor en el sujeto traicionado, ya que se rompen las estructuras que permiten que se consolide el apego (controladas, entre otras sustancias, por oxitocina o vasopresina) y que fundamentan la estructura grupal. Casi se entra en una “crisis de abstinencia” generada por una adicción al afecto humillado. Como resultado de todo esto se pueden iniciar patrones de conducta cada vez más tóxicos como la “rumiación” que no es más una tendencia a pensar de manera repetitiva sobre causas, factores de la situación, y consecuencias de la experiencia emocional vivida.

Por eso, el perdón es el único mecanismo a través del cual se reducen los comportamientos negativos que surgen como consecuencia de una traición. Conceder a alguien el indulto emocional no quiere decir que se tenga que seguir aguantando las veleidades deshonestas del prójimo. Solo que se ha encontrado la reconciliación con algo que no se puede controlar: la lealtad en los demás.


Para saber más:

“How Dispositional Social Risk-Seeking Promotes Trusting Strangers: Evidence Based on Brain Potentials and Neural Oscillations”. Yiwen Wang, Yiming Jing, Zhen Zhang, Chongde Lin, Emilio A Valadez (2017). Journal of Experimental Psychology: General, 146 (8), 1150-1163 
https://psycnet.apa.org/record/2017-24211-001

“How Do We Trust Strangers? The Neural Correlates of Decision Making and Outcome Evaluation of Generalized Trust”. Yiwen Wang, Zhen Zhang, Yiming Jing, Emilio A Valadez, Robert F Simons (2016 ), Social Cognitive and Affective Neuroscience. Oxford University Press, 11 (10), 1666-76
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5040920/

“Neural Signatures of Betrayal Aversion: An fMRI Study of Trust” Jason A. Aimone, Daniel Houser, Bernd Weber (2014). Proc Biol Sci., 281 (1782), 20132127. 
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3973250/

“Disclosing Traumatic Experiences: Correlates, Context, and Consequences”. Brigid R. Marriott, Cara C. Lewis, Robyn L. Gobin (2016), Psychological Trauma: Theory, Research, Practice, and Policy 8 (2), 141-8 https://psycnet.apa.org/record/2015-22659-001

“Perceived Reputation of Others Modulates Empathic Neural Responses”. Li Zheng, Qianfeng Wang, Xuemei Cheng, Lin Li , Guang Yang, Lining Sun, Xiaoli Ling, Xiuyan Guo  (2016), Experimental Brain Research 234 (1), 125-32 https://link.springer.com/article/10.1007%2Fs00221-015-4434-2

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/humanos-751/los-orgenes-de-la-moralidad-16862

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/altamente-sensible-700/el-cerebro-se-acostumbra-a-la-deshonestidad-15038

https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/verdades-mentiras-e-incertidumbres-782/corrupcin-contagiosa-17958

https://lamenteesmaravillosa.com/el-dolor-emocional-la-angustia-de-nuestro-cerebro/

https://lamenteesmaravillosa.com/sanar-la-herida-de-una-traicion/

http://www.raquelmarin.net/el-cerebro/sorprendente/te-vas-alarmar-cerebro-deshonesto-se-engancha-la-traicion/

https://www.elmundo.es/vidasana/mente/2018/10/29/5bd2f0ace2704e549c8b46a3.html

https://www.sdpnoticias.com/estilo-de-vida/cerebro-pasa-esto-le.html

https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-12-02/para-que-sirve-perdonar-tricionado-gravemente_1111197/

https://blog.rtve.es/retiario/2013/11/los-monos-sindicalistas.html

https://proyectogransimio.org/noticias/noticias-destacadas/los-monos-tienen-sentido-de-la-justicia

https://www.agenciasinc.es/Noticias/El-rechazo-frente-a-la-injusticia-entre-primates-nos-empuja-a-cooperar


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